top of page

¿Es posible no sucumbir ante el dolor?

Actualizado: 5 nov 2021

Algunas de las historias que vemos en pantalla nos dejan pensando sobre la vida de los personajes; ahora mismo pienso mucho en las películas del cine de oro mexicano. Crecí viendo películas en blanco y negro, aquéllas que se veían en mi casa el fin de semana, y que reflejaban las construcciones culturales de muchas décadas, que se hacían de lo mexicano. Y traigo precisamente a colación esas películas porque en ellas se muestra mucha tragedia, dolor, pero sobre todo un estoicismo abrumador por parte de los protagonistas. Y es precisamente de lo que escribiremos el día de hoy, de ese sufrimiento que a veces vemos traspasar las pantallas y que podemos encontrar en nuestros familiares, amigos, vecinos, conocidos y a veces incluso hasta en nosotros mismos.

ree

¿Qué tanto dolor somos capaces de aguantar? ¿Por qué hemos pasado tanto tiempo aferrados a una relación que nos hace infelices? ¿Por qué no podemos ponerle límites a nuestra familia? ¿Por qué en el trabajo no podemos exigir un trato digno? ¿Por qué el discurso de los amigos que nos dicen que valemos mucho suena tan ajeno a lo que sentimos por nosotros? ¿Por qué nuestra pareja nos hace sentir abandonados y como unos niños dependientes a ellos?


Las preguntas están bien planteadas, al decir “nosotros”, porque de alguna manera estas preguntas nos han cruzado por la mente, en algún momento de nuestra historia personal, una de estas preguntas u otras, que se encuentran relacionadas al sufrimiento cotidiano ineludible; y es que en realidad el sufrimiento es parte de la existencia. Aún con lo ya dicho, existen personas que no sólo se han hecho alguna de estas preguntas a lo largo de su historia de vida, sino que viven dentro de ellas, en un modo infinito y repetitivo, no como una pregunta que lleva a reflexionar sobre los vínculos hechos con las personas con las que convive a diario, sino en una especie de rumiación mental, donde la reflexión sobre el sufrimiento queda anulada, y lo que se presenta es una especie de repetición escenificada en la mente, donde ellos son meros actores sufrientes (como aquellos de las películas de oro, un Pepe el Toro cualquiera), que merecen una beatificación por el hecho de sacrificar tanto.

ree

¿Pero a todo esto entonces qué es el masoquismo en sí? Sin entrar en detalles muy técnicos, hablaremos sobre esto, a fin de reflexionar sobre el entramado psicológico y emocional que encierra detrás de sí, y de la conciencia. Ya Freud en “Más allá del principio del placer”, se cuestionaba cómo era que situaciones que no generaban ningún tipo de placer, sino eran situaciones más bien angustiosas, se repetían constantemente, en una especie de búsqueda de displacer activa; observó que la elección que hace un sujeto no siempre está regida por la evitación del malestar o lo displacentero. Es así que en este texto se abrió el camino para entender a la pulsión de muerte y sus estragos en la persona propia. Se estableció el mecanismo bajo el que opera el masoquismo (sexual o erógeno y el moral).


En “El problema económico del masoquismo” Freud plantea que el masoquismo es peligroso, porque queda bajo el primado de la pulsión de muerte, ya que el dolor y el displacer pueden dejar de ser advertencias para constituirse ellos mismos en metas, siendo el yo el objeto de la descarga sádica. El sadismo puede quedar más al servicio de la pulsión de vida, ya que al menos busca dejar afuera la descarga de su agresión.


Hace tiempo conocí a varias mujeres que estaban en conflicto con la ley (presas), narraban los sucesos por los que habían parado ahí, se culpaban por cargamentos de narcóticos, por agredir a sus hijos, por robos, etc. Cuando todo había sido ejecutado por la pareja o por la familia, mencionaban que ellas no importaban, que eran capaces de soportar estar encerradas, antes que ver a sus parejas, hermanos o padres en esa condición, aunque se quejaban del abandono, nadie las iba a visitar, estaban olvidadas en ese sitio, aun así decían no estar arrepentidas del acto sacrificial.

ree

Cuántas veces hemos escuchado esa frase que se le dice a las personas que viven en un constante estado de humillación, de autosacrificio, de renuncia al bienestar, “es que hasta parece que te gusta”, esta frase lo único que tiene de verdad es lo superyóico, porque la persona no disfruta al menos consciente de la situación, lo que si obtiene es una ganancia secundaria.


Es decir, la búsqueda del sufrimiento físico o mental es inconsciente, la autoprivación, el autocastigo, el maltrato, genera placer en otro nivel lejos de la consciencia.


¿Qué se va a lograr a precio de golpizas, las humillaciones en público, las vejaciones en la intimidad? No tenemos una sola respuesta que responda de manera absoluta a esas preguntas, aun así podríamos decir (entre otras tantas explicaciones), que a veces lo que se busca es el apego a través del sufrimiento. Las personas con personalidades masoquistas en el fondo tienen la convicción de que sus vínculos se fortalecen a través de la repetición de la sumisión, el sacrificio de sí, el conformismo, la abnegación, la renuncia a su autonomía, con tal de lograr garantizar el apego con el objeto amado.


En una ocasión escuchaba la historia de una mujer de 73 años, que se repetía constantemente ¿Por qué creía que mi marido me quería, por qué a pesar del mal trato, solo porque me daba para el alimento para mis hijos, de las infidelidades descaradas, cómo es posible que yo haya creído que me amaba, y que regresaba a mí porque se daba cuenta de eso? Esta mujer pudo ir resolviendo esta pregunta que tanto la martirizaba cuando al hablar de sus padres se dio cuenta que ellos, al ser alcohólicos, incestuosos, agresivos, el único contacto que le habían ofrecido era para lastimarla, castigarla, agredirla de maneras insospechadas, había sido abusada por aquéllos que debían cuidarla. La única manera de conseguir cercanía fue mostrarse indefensa frente a esos depredadores. Así es como la creencia de muchas personas masoquistas se fortalece, la única manera de estar cerca de los demás, de formar vínculos, es mostrarse indefensos frente al otro.

ree

El ser humano crece con extrema dependencia al otro; su vida de pende de ello, por eso a lo que más le teme es a la pérdida del amor de ese otro y por esto renunciará a realizar todo aquello que pueda desencadenar su enojo.


El niño siente pulsiones hostiles hacía el objeto, pero su entrada en la cultura instaura la prohibición de esa satisfacción pulsional, así el niño tendrá que renunciar a ella para evitar el castigo del Otro e impedir perder su amor.


Por eso muchas mujeres maltratadas por la pareja muestran una excesiva dependencia, el miedo a ser abandonadas es mayor que el dolor o el peligro ante la muerte. La idea de separación es inconcebible dejándolas en un estado de angustia y desamparo que no se compara con el maltrato que puede sostenerse.


Diremos también que el masoquismo nunca está desvinculado del sadismo, la pulsión de destrucción que en un inicio se debía dirigir a objetos exteriores, se introyecta en el yo y por eso este es tomado por objeto. Esa reversión del sadismo se da regularmente por la sofocación que hace la cultura sobre las pulsiones (mencionada en el párrafo anterior). Esto va generando un sentimiento inconsciente de culpa (en algunos casos con mucha fuerza) y una mortificación que lleva al masoquista a la búsqueda constante de castigo. Un ejemplo; una mujer de 44 años que constantemente le habla a su esposo de sus aventuras sexuales antes del matrimonio, bajo la lógica de ser sincera con él, despierta celos y maltrato por parte del esposo quien no la deja de insultar sobre ser una mujer fácil, le recrimina y la manda a dormir fuera de la casa. Acá el patrón de sufrimiento, de auto-desprecio y satisfacción en el castigo se cumplen, pero también sádicamente se hizo escuchar por el esposo, a quien le revela detalles dolorosos, también se satisface entonces el deseo inconsciente de hacer sufrir al otro.

ree

Detrás de todo masoquista existe la fantasía de que se logrará alcanzar algo si se sufre lo suficiente: el amor, la compañía, la gratitud. Algunos ven en el maltrato una cuestión narcisista de ser mejores personas que los demás, como si aguantar el dolor los hiciera mejores personas. Incluso en los relatos se busca el apoyo de los demás, que le digan que es una persona excepcional y, el otro, un maltratador o un injusto. La moralización es una defensa para no moverse de esa posición victimizante. El masoquismo es una condición tan amplia, que vale la pena revisar en un análisis personal profundo.


Inscríbete a nuestro congreso virtual GRATUITO

Programa y registro aquí

ree

Bibliografía:

Bleichmar. H (1997). Avances en psicoterapia psicoanalítica. España: Paidós.

Sigmund. F (1975). Más allá del principio del placer. En Sigmund Freud Obras Completas tomo XVIII (1-63). Argentina: Amorrotu.

Freud. S. (1978). El problema económico del masoquismo. En Sigmund Freud Obras completas Tomo XIX (161-177). Argentina: Amorortu

 
 
 

Comentarios


Síguenos en todas nuestras redes sociales y disfruta de contenido totalmente GRATUITO y constantemente actualizado.

  • Facebook
  • Instagram
  • Icono social de Spotify

Libre Sociedad Psicoanalítica de México, Psicoalibre S. C. 

Tel. (55) 3275 1330

Ciudad de México, México

bottom of page